Por el Dr. Guillermo de Nava
Entendemos que la selección por características reproductivas, tanto del macho como de la hembra, no está siendo considerada como objetivo de selección en la mayoría de los programas de mejoramiento bovino en nuestro país. Esto es verdaderamente preocupante debido a la enorme importancia económica que los caracteres asociados a la reproducción tienen en nuestros sistemas criadores. Sistemas criadores, por otra parte, que están cada vez más relegados a campos pobres, debido al avance que ha tenido la agricultura en nuestro país. Si una vaca no queda preñada, y no lo hace a tiempo, muy pocas otras cosas de su composición genética importan. Si esa preñez no ocurre, o necesita muchos insumos para que se logre, se condiciona grandemente la eficiencia de transformación de pasto en terneros, y por eso precisamente la fertilidad es tan trascendente en la rentabilidad de la cría.
Es un hecho que las características reproductivas del ganado no se están tomando en cuenta como objetivo de selección, a favor, en algunos casos, de la búsqueda de animales “pisteros”, – pertenecientes a aquellos biotipos más grandes, que son los que se suelen premiar en las exposiciones rurales-, o de un gran énfasis en performance por crecimiento rápido ó características relacionadas a la carcasa, en otras situaciones. Si analizamos la evolución de los diferentes biotipos buscados en las exposiciones rurales en razas como Hereford ó Angus desde comienzos del siglo XX hasta el presente, vemos que el rodeo de vacas de cría ha sido la consecuencia de un continuo cambio, una especie de subproducto del tipo de animal que se buscaba en ese particular momento en las pistas, lo que determina que difícilmente ese rodeo haya podido, -o pueda-, producir consistente y eficientemente. Así, el tipo de vaca presente en los rodeos de cría en nuestros campos no ha sido producto de un programa de adaptación de los ganados a los recursos básicos de los predios y/o a su sistema productivo, sino que varió en función de esa preferencia en las pistas.
El advenimiento de las estimaciones de mérito genético del ganado en características de crecimiento agregó un nuevo componente. Es que en los últimos años, ha habido un esfuerzo por parte de los cabañeros para producir más kilos de producto en un período de tiempo más corto, buscando mejorar el crecimiento en sus rodeos, a menudo con el uso de individuos extremos en la raza. Esto, que a priori puede pensarse que es beneficioso, llevó a que, en la práctica, se aumentara el peso adulto de la vaca en Uruguay (ver Figura 1 y 2) y se desestimara algunas características maternas relevantes como la fertilidad, la habilidad materna, la longevidad o la aptitud funcional de los ganados. Es que cuando se selecciona por crecimiento, los animales comienzan a transformar su composición corporal, quedando cada vez más altos, más flacos, más estrechos. Y también menos fértiles, porque se suelen incrementar los problemas al parto, se necesita más peso para alcanzar la pubertad y porque necesitan más recursos alimenticios para volver a preñarse después del parto.
La tendencia genética de un mayor peso de la vaca adulta registrada en las dos razas de carne mayoritarias en Uruguay mostrada en las Figuras 1 y 2 es también preocupante porque están descritas interacciones entre genotipo y ambiente afectando el potencial reproductivo. Jenkins (2009) afirma que bajo condiciones de disponibilidad de materia seca restrictivas, -como las que se dan comúnmente en Uruguay-, los biotipos con mayor potencial de crecimiento y mayor producción de leche producen menos kilogramos de terneros por vaca entorada. Por ejemplo, dos grupos de vacas produciendo en condiciones restrictivas, con 534 kg y 581 kg de peso, destetaron terneros de 247 kg y 211 kg, respectivamente (Maddock y col, 2013). En esos casos, esos biotipos con más potencial de performance experimentan períodos de anestro posparto más largos (Nugent et al, 1993), tal como solemos constatar en muchas circunstancias relacionadas a nuestro trabajo como veterinarios de campo. El anestro posparto suele ser la principal limitante por la cual el rodeo nacional no alcanza mejores tasas de preñez. En esas poblaciones con animales grandes, si queremos volver a preñar las vacas, tenemos que hacer un mayor ajuste de carga animal, reduciendo la dotación en los campos, o tenemos que modificarles el ambiente mediante suplementación para que lleguen en mejor estado al parto, ó tenemos que recurrir masivamente a prácticas de manejo costosas como lo es el destete precoz.
Hay que considerar que en todos los días de existencia de un animal en el predio, hay ciertos costos fijos incurridos solamente para mantener ese animal. A medida que el peso de la vaca aumenta, la cantidad de alimento que debe consumir para solo mantenerse también se incrementa. Si aumentamos el nivel de producción, incrementamos concomitantemente los costos de producción. Incluso, los incrementos genéticos en los niveles productivos pueden llevar a disminuir la longevidad de las vacas.
Una vaca más longeva no solo significa una hembra con menor dificultad para preñarse, sino un animal padeciendo menos cantidad de problemas durante su vida en el rodeo.
Pero hay otras consecuencias de aumentar el tamaño adulto en el ganado, y es el mayor peso necesario para que las vaquillonas alcancen la pubertad. Según nuestros propios registros obtenidos en la evaluación genital previa a los programas de inseminación, que abarcan unas 71.259 vaquillonas chequeadas desde el 2003 al 2013, una de cada tres vaquillonas se encuentra en anestro cuando el productor decide servirlas. Esto quiere decir que no están aptas para ser servidas. Muchas de esas vaquillonas no se preñaran en esa estación reproductiva, o lo harán tardíamente, lo que trae consecuencias para las chances de volver a preñarse en el próximo año y en la cantidad de kilos de terneros destetados por esa hembra. En la Figura 3 se muestra un registro típico de los kilos de terneros destetados de vacas, según su momento de parición; puede verse que existe una gran diferencia en peso de terneros según la vaca sea de cabeza, medio o de cola de parición, de forma tal que aun aquellos vientres que finalmente logren preñarse, pero lo hagan tardíamente, serán también notoriamente menos productivos. Finalmente, debe tenerse presente otro de los efectos que ha tenido la selección de ganado por mayor crecimiento, que es el incremento asociado en el peso de los terneros al nacer, un hecho que está directamente relacionado a los mayores problemas al parto.
Sabemos que debemos reducir la incidencia de distocias porque los problemas al parto, además de incrementar las chances de muertes neonatales y de madres, también reducen la performance reproductiva en la hembra. En este sentido, un estudio (Benton Glaze, 2011) revela que las vaquillonas que tuvieron distocia en una parición, destetaron un 14% menos de terneros por vaca entorada al año siguiente, una consecuencia de anestros pospartos más prolongados y menores tasas de concepción en aquellos vientres experimentando distocia en el parto previo; con lo cual se agrega un interés adicional a moderar los tamaños adultos, en este caso por su correlación con el peso de los terneros al nacer.
Una de las razones que hemos escuchado por la cual los diferentes actores relacionados con la genética bovina en el Uruguay no le prestan atención a las características reproductivas en sus programas de selección refiere al hecho que con “un buen manejo reproductivo”, y particularmente con el uso masivo del destete precoz, esas vacas podrían volver a preñarse. Este argumento ignora el punto que no solamente es importante lograr que una vaca se preñe, sino que debemos hacerlo con el menor costo que sea posible, mejorando la rentabilidad del sistema. Con las cargas normales de los campos, si en vez de usar al destete precoz como una práctica efectiva para lograr preñeces en años climáticamente difíciles o para sortear coyunturas adversas puntuales, lo usamos masiva y constantemente todos los años, entonces incrementamos los costos de producción, reduciendo el margen neto de los sistemas criadores.
Otras de las razones que se esgrimen para esta falta de interés en las características reproductivas es que la mayoría de los estudios reportados internacionalmente indican una baja heredabilidad para esas características, con una gran influencia del ambiente. Sin embargo, luego de más de 20 años trabajando como especialista en reproducción del ganado, sabemos que sí se pueden lograr progresos genéticos y resultados satisfactorios cuando esas características son tomadas en cuenta en los objetivos de selección de los programas de mejoramiento animal. Si nos concentramos exclusivamente en la categoría de vaquillonas, hemos encontrado que la tasa de preñez de 22.237 animales evaluados en un período de cuatro años, entre el 2011 y el 2014, fue de 94,3% y 85,2% para aquellas que estaban en un rodeo con un programa de selección tomando en cuenta características reproductivas y aquellas otras cuya selección no priorizaba estas características. Algo similar, o un efecto aun más marcado, sucede con las vacas adultas. Es muy probable que parte de estas diferencias encontradas en preñez estén explicadas no solo por factores genéticos, sino también por manejo reproductivo, alimentación o sanidad. Sin embargo, este hallazgo se ve fundamentado por algunos trabajos científicos que indican que la mejora genética de los caracteres reproductivos de las vacas manejadas en las condiciones restrictivas uruguayas es posible y económicamente justificable (Urioste, 1996; Urioste y col, 2007; Urioste, 2008). Incluso, Urioste y col. (2007) encontraron un rango de heredabilidades bastante más altas a las reportadas internacionalmente para Días al Parto y Éxito al Parto de 0,20 a 0,31 y 0,37 a 0,42, respectivamente, para la población de animales Angus de pedigree de Uruguay. En condiciones pastoriles neozelandesas, Morris y col. (1999) encontraron que vaquillonas con menor edad a la pubertad tienen también mejores tasas reproductivas en su vida adulta y que la selección utilizando edad a la pubertad en hembras y circunferencia escrotal en toros, puede mejorar las tasas de preñez mediante estas correlaciones genéticas. De manera que en nuestros ambientes restrictivos de producción pastoril, habría una mayor respuesta a la selección por fertilidad que aquella que se da en otros ambientes más controlados, un concepto que ya se lo habíamos visto sostener a algunos científicos trabajando en ambientes sub-tropicales.
La meta de toda recría de vientres de reposición es lograr que las vaquillonas alcancen la pubertad tempranamente y tengan una muy buena fertilidad al comienzo de la estación reproductiva. Por ello, es interesante analizar los factores genéticos que intervienen influenciando esos objetivos. Por ejemplo, sabemos que debemos aumentar la circunferencia escrotal en los toros, ya que esto está asociado a un incremento en la calidad y cantidad de semen. Sin embargo, la mejora de la circunferencia escrotal de los toros utilizados tiene otras correlaciones beneficiosas con caracteres reproductivos de la hembra, como precisamente la edad al primer servicio (-0,10) y primer parto (-0,35), el porcentaje de preñez (0.44) y los intervalos interpartos (-0,33) (Toelle y Robinson, 1985). De manera que prestarle atención a la circunferencia escrotal de los toros que se utilizan en el rodeo es muy importante en los programas de selección.
Pero la circunferencia escrotal no es el único factor. La preocupación de los productores australianos ante la pérdida de fertilidad de sus ganados por la búsqueda de animales con más crecimiento y más magros, llevó a que los investigadores de su país decidieran estudiar el efecto del mérito genético en grasa de cobertura en la reproducción. Cuando se agruparon en un mismo establecimiento australiano dos líneas de vaquillonas con merito genético en grasa diferente, se encontraron tasas de preñez mejores para la línea alta en grasa (95%) en comparación con la alcanzada en vaquillonas de la línea baja en grasa (86%) (Pitchford y Graham, 2010). Con estos hallazgos, se aportaron evidencias que la preocupación de los productores por la pérdida de fertilidad en los ganados, por cambios en el biotipo animal (animales más magros) inducidas por los actuales programas de selección, tenía sus fundamentos. Además, se revalorizó a la grasa de cobertura como una característica materna importante en condiciones pastoriles, un concepto que va en contra de la tendencia genética de las poblaciones bovinas “modernas” de ser cada vez más magras.
Entonces, si el tamaño de los toros es moderado, son positivos en grasa y su circunferencia escrotal es buena, sus hijas tienen más chances de preñarse tempranamente. De manera que creemos que debemos buscar vacas moderadas, muy fértiles, que permanezcan en los rodeos por mucho tiempo, que puedan preñarse en nuestras condiciones de explotación restrictivas, a un costo tan bajo como sea posible, y que aun puedan producir un ternero que sea atractivo para los invernadores y para la industria frigorífica. Ese es el desafío. Y esa es la esencia de los programas de selección auténticamente balanceados.
A pesar de todos los cambios en los biotipos buscados en las pistas en los últimos 100 años y en la tendencia actual de muchos vendedores de semen, cabañeros y técnicos de asociar “mejor” con “grande” y promocionar y fomentar animales extremos, la tarea básica de la vaca de cría no ha cambiado: debe preñarse a bajo costo y en condiciones restrictivas. Para que esa tarea se cumpla con eficiencia, la vaca debe tener la habilidad para engordar en momentos de abundancia, debe movilizar los tejidos grasos en épocas de carencias, deben tener la robustez y rusticidad para producir a cielo abierto, preñándose fácilmente y destetando un ternero medianamente pesado, y debe permanecer haciendo esta tarea durante mucho tiempo en el rodeo. La mayoría de los programas de selección que están siendo llevados a cabo actualmente, al poner solo énfasis en niveles individuales de producción ó en los biotipos que se suelen premiar más frecuentemente en las exposiciones, están llevando a un deterioro lento pero progresivo en la función reproductiva de los ganados.
Por ello, hay muchas razones por las cuales el concepto de “genética superior” para el caso particular de la cría, actualmente entendido por una mayoría, desde productores comerciales o cabañeros, pasando por vendedores de semen, técnicos y hasta periodistas agropecuarios, debe ser fuertemente cuestionado. La estética sin sustancia es inútil; la performance sin adaptación a nuestros ambientes pastoriles es perjudicial. Más que obtener animales “bonitos” o de gran performance, nuestra meta debería ser la obtención de un material genético que pueda mejorar la eficiencia económica de los rodeos comerciales. Por todo eso, pensamos que caracteres como la fertilidad, la rusticidad y la adaptación al ambiente, que no están siendo corrientemente estimados por su mérito genético en Uruguay, y que nunca fueron ni serán evaluados en las pistas, son, sin embargo, un factor de una extraordinaria importancia para determinar las diferencias en ingresos netos en establecimientos criadores. La eficiencia de la vaca está afectada profundamente por la reproducción, simplemente porque las vacas eficientes son las que producen muchos terneros regularmente.

REFERENCIAS
Benton Glaze, J. 2011. Genetic selection for fertility. Proceedings Applied Reproductive Strategies in Beef Cattle.Boise, ID 255-262.
Jenkins, T.G. 2009. Interbreed evaluation of beef productivity under low and moderate dry matter availabilities. Proc. Assoc. Advmt. Anim. Breed. Genetic 18:113-116.
Maddock, T.D.; Lamb, G.C.; Henry, D.D. 2013. Managing Beef Cow Efficiency. http//edis.ifas.ufl.edu.pdfiles/AN/AN2300.pdf
Morris, C.A.; Verkerk, G.A.; Wilson, J.A. 1999. Angus selection herd reproductive data: a genetic model for dairy cattle? New Zealand Society of Animal Production. 59:169-172.
Nugent, R.A.; Jenkins, T.G.; Roberts, A.J.; Klindt, J. 1993. Relationship of postpartum interval in mature beef cows with nutritional environment, biological type and serum IGF-1 concentrations. Animal Production 56:193-200.
Pitchford, W.; Graham J. 2010. Maternal Productivity Proyect-Summary. CRC. The Maternal Journal Issue 2:1-7.
Toelle, V.D.; Robinson, O.W. 1985. Estimates of genetic correlations between testicular measurements and female reproductive traits in cattle. J. Anim. Sci. 73:993-1002.
Urioste, J. I. 1996. La mejora genética como herramienta de mejora económica en ganado de carne. Congreso Uruguayo de Producción Animal 1:11-14.
Urioste, J.I.; Misztal, I.; Bertrand, K. 2007. Fertility traits in spring-calving Aberdeen Angus cattle. 1. Model development and genetic parameters. J Anim Sci. 85:2854-2860.
Urioste, J. I. 2008. Selección y reproducción en bovinos de carne. Seminario de Actualización Técnica: Cría Vacuna. Serie Técnica INIA 174: 11-23.

